Aunque Hitler había llegado al poder, no se encontraba en una situación segura, porque las mismas fuerzas que habían motivado la renuncia de los tres últimos cancilleres seguían vigentes y tenía que tratar con el Presidente Hindenburg y su camarilla, que estaban respaldados por el Ejército y por su propio gabinete de ministros, controlado por los conservadores e industriales y donde los nazis eran minoría.
El Partido Nazi tampoco tenía asegurados a los 4 millones de "camisas pardas" que, liderados por Ernst Röhm, mostraban su desacuerdo ante el hecho de que tantos elementos conservadores compartieran el gobierno con hitler. Además de las fuerzas políticas opositoras en el Parlamento, socialdemócratas y comunistas, que estaban controlando algunos gobiernos regionales. Pero al final no fueron un problema porque aunque éstas, estaban en contra del nazismo, nunca se juntaron para hacerles frente.
Hitler tenía al 34% del Parlamento bajo su control, pero todavía tenía que recurrir al "anciano caballero" Hindenburg, para lograr aprobar sus leyes.
Leer más...