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La Princesa de Eboli - Ana de Mendoza

Ana de Mendoza de la Cerda, la princesa de Éboli, duquesa de Pastrana y condesa de Mélito, nació en Cifuentes - Guadalajara - España, el 29 de junio de 1540.

Era una aristócrata que pertenecía a una de las familias más poderosas de la época, la familia Mendoza.

Hija única de Don Diego Hurtado de Mendoza y de la Cerda, virrey de Aragón y Cataluña y doña Catalina de Silva.


En 1552 se casó con Ruy Gómez de Silva, a la edad de 12 años. Su enlace fue recomendación del príncipe Felipe, el que sería futuro rey Felipe II.

El marido de doña Ana era el príncipe de Éboli, una ciudad del Reino de Nápoles y ministro del rey. Los continuos compromisos de su esposo hicieron que durante los primeros cinco años de matrimonio, apenas convivieran tres meses. Ruy mientras tanto, estuvo en Inglaterra.

Perdió un ojo en un entrenamiento de esgrima, aunque también se ha barajado la teoría de que la pérdida de su ojo derecho fuera causada por la punta de un florete manejado por un paje durante su infancia o que incluso no fuera tuerta, sino bizca, pero no hay datos reales que puedan respaldar esta teoría.

Le gustaba mucho el lujo y era muy altiva.

A pesar de su defecto, era considerada como una de las damas más hermosas de toda la corte española.

Ejerció mucha influencia en la corte, era una de las mujeres de más talento de la época.

Tuvo diez hijos en su matrimonio:

* Diego (c.1558-1563)
* Ana de Silva y Mendoza (1560-1610), mujer de Alonso Pérez de Guzmán el Bueno y Zúñiga, VII duque de Medina-Sidonia.
* Rodrigo de Silva y Mendoza (1562-1596)
* Pedro de Silva y Mendoza (c. 1563): Muerto de niño.
* Diego de Silva y Mendoza (1564-1630)
* Ruy de Silva y Mendoza (1565-¿?)
* Fernando de Silva y Mendoza, luego Fray Pedro González de Mendoza, (1570-1639)
* María de Mendoza y María de Silva (c. 1570): gemelas o mellizas, muertas de niñas.
* Ana de Silva y Mendoza (1573 - 1614)

Junto a su marido, solicitó dos conventos en las carmelitas en Pastrana, entorpeciendo los trabajos de construcción porque quería que se hicieran bajo su criterio. Todo ello provocó muchos conflictos con los frailes, las monjas y sobre todo con Teresa de Jesús, que era la fundadora de las Carmelitas descalzas.

Su marido consiguió que las cosas se calmaran entre Ana y Teresa de Jesús, pero cuando el murió, volvieron los problemas porque la princesa quería ser monja y que lo fueran sus criadas también.

Ruy Gómez de Silva murió de forma repentina en 1573 y Ana se vio obligada a disponer del amplio patrimonio que le había dejado su marido, lo que le traería problemas a lo largo de toda su vida. Su apellido era muy influyente, por lo que sus hijos consiguieron buenas posiciones y una vida desahogada.

Ruy Gómez de Silva
La primera en casarse sería su hija mayor Ana, con Alonso Pérez de Guzmán el Bueno y Zúñiga, VII duque de Medina Sidonia, después lo haría Rodrigo, que heredaría el ducado de Pastrana. Diego fue duque de Francavilla, virrey de Portugal y marqués de Allenquer. Su hijo Fernando entró a formar parte de la iglesia porque tenía posibilidades de llegar a cardenal, pero escogió ser franciscano, cambiando su nombre por el de Fray Pedro González de Mendoza, al igual que su abuelo el Gran Cardenal Mendoza, después llegaría a ser arzobispo.

Teresa de Jesús finalmente concedió a Ana entrar al convento junto a sus sirvientas para ser monja y la ubicó en una celda muy nefasta. Doña Ana se cansó muy pronto y junto a sus criadas, se instalo en una casa ubicada en el huerto del convento.

Nunca pudo dejar de lado su vida llena de lujos y en aquella casa, tenía armarios donde guardaba sus lujosos vestidos y joyas. Salía y entraba cuando quería, ya que tenía comunicación directa con la calle.

Cuando Teresa de Jesús se dio cuenta de lo que estaba pasando, todas las monjas del convento se fueron, abandonando Pastrana y dejando a Ana sola.

Ana volvió a su palacio de Madrid, pero antes, publicó una autobiografía tergiversada de Teresa de Jesús.

La obra fue muy polémica y el escándalo que se formó hizo que fuera prohibida durante diez años por la Inquisición.


Felipe II
Ana mantenía relaciones muy cercanas con el príncipe Felipe, quien después sería el rey Felipe II. Su relación era muy estrecha, muchos dijeron que era la amante del rey, sobre todo durante el matrimonio de éste con Isabel de Valois, de la que sería amiga. Cuando se creía que Ana tenía una aventura con el rey, todavía vivía su marido y cuando éste murió en 1573, sí parece seguro que sostuvo relaciones con Antonio Pérez, secretario del rey.

Antonio Pérez era seis años mayor que ella y en realidad nunca se ha llegado a saber si lo que los unía era un tema político, apoyo tras la muerte de su marido o una cuestión de amor.

Juan de Escobedo, secretario de don Juan de Austria, descubrió las relaciones que tenía Ana con Antonio y también, que éste, tenía contactos con rebeldes holandeses.

Antonio Pérez
Antonio Pérez, temía que se revelase ese secreto y la denunció ante el rey de graves manejos políticos.

Poco después aparecería Juan de Escobedo muerto a estocadas. La opinión pública siempre acusó a Antonio de haberle provocado la muerte, pero había pasado un año y todavía no había sido detenido por orden del rey.

No se sabe con certeza los motivos de la caída de la princesa ni del asesinato de Escobedo, al parecer, la posible revelación de la relación amorosa entre Ana y Antonio Pérez y seguramente otros motivos entre los que había una compleja intriga entre los dos acerca de la sucesión al trono vacante de Portugal y en contra de Don Juan de Austria en su intento de casarse con María Estuardo pudieron estar detrás de todo.

Finalmente, Ana fue encerrada por el rey Felipe II en 1579. La enviaron al Torreón de Pinto y después a la fortaleza de Santorcaz, privándola de la tutela de sus hijos y de la administración de sus bienes.

En 1581 fue trasladada a su Palacio Ducal de Pastrana, donde moriría atendida por su hija menor Ana de Silva y tres criadas.

El balcón enrejado que da a la plaza de la Hora era un lugar muy conocido porque la princesa se solía asomar mostrando su tristeza.

Aquellas rejas en puertas y ventanas del Palacio Ducal habían sido puestas por orden de Felipe II cuando Antonio Perez se fugó a Aragón en 1590.

La actitud que tenía Felipe II con Ana nunca ha quedado muy clara, porque ella mantenía relaciones muy estrechas con él, tratándolo de "primo" en las cartas que le enviaba. Incluso en una de ellas, le pediría al monarca que la protegiese como caballero.

Felipe II se refería a Ana como "la hembra" y su actitud con ella era muy dura y desproporcionada, mientras que con los hijos de ésta, se comportaba totalmente al contrario, los cuidaba y protegía.

El rey nombró a un administrador para que llevara los bienes de la princesa y más adelante, llevaría las cuentas su hijo Fray Pedro.

Ana de Mendoza moría en el Palacio Ducal de Pastrana el 2 de febrero de 1952, a los 51 años.

Fue enterrada junto a su marido en la Colegiata de Pastrana.

La vida de Ana y su supuesto romance, ha llenado muchas páginas de la literatura romántica tanto en España como en el extranjero. Hay muchas contradicciones y suposiciones pero la realidad, no se ha llegado a saber nunca, de ahí que la historia de Doña Ana de Mendoza, la princesa de Éboli siga despertando mucho interés y que su vida, se haya rodeado de leyendas.

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