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Príncipe Carlos de Austria y Avis - Un destino trágico

El príncipe Carlos, nació en Valladolid el 8 de julio de 1545, Era hijo de Felipe II y su primera esposa, María de Portugal, que murió poco tiempo después de que don carlos naciera.

Fue criado en un principio con sus tías y cuando éstas se casaron, estuvo con familiares cercanos porque su padre no estaba en España.

El príncipe creció muy mimado y sus comportamientos eran exagerados.

Cuando era niño gozaba con asar liebres vivas y una vez cegó caballos en el establo real. A los once años hizo azotar a una muchacha sólamente por diversión y por ello tuvo que pagar compensaciones al padre de la niña.

En el año 1560 fue reconocido como heredero al trono por las Cortes de Castilla.

Se educó en la Universidad de Alcalá de Henares junto al hermanastro del rey don Juan de Austria y Alejandro Farnese.

Carlos heredaría todos los dominios de su padre, que incluían en aquel entonces España, Flandes y diversos estados italianos y americanos.

Su salud era muy delicada, con fiebres persistentes, lo que motivó que en 1561 los médicos de la corte le recomendaran fijar su residencia en Alcalá de Henares, alejándose de esa manera de los aires insalubres de Madrid.

En 1562 sufrió un accidente al caerse por las escaleras golpeándose la cabeza. Probó tratamientos diferentes, incluyendo un curandero llamado Pinterete. También puso en su cama la momia de fray Diego de Alcalá. Vesalio le realizó finalmente una trepanación, que es una operación muy arriesgada que le traería secuelas. Se acrecentó su crueldad y excentricidades y su desarrollo físico también fue diferente, tenía un hombro más alto que otro, la pierna izquierda más larga que la derecha, el pecho hundido y una pequeña joroba.

Tras su recuperación, Felipe II le nombró miembro del Consejo de Estado en 1564, un intento infructuoso por parte de su padre para que tomara contacto con el gobierno de la nación, ya que sus problemas mentales se agravaban.

Su padre pensó en casarlo con María Estuardo, pero era un matrimonio muy arriesgado, ya que suscitaría la enemistad de Francia, Inglaterra y seguramente del Imperio. Por estas razones y los problemas del príncipe, en el que no se podía confiar, Felipe II enfrió las negociaciones.

Desde la adolescencia, el príncipe Carlos, por su accidente, había mostrado numerosos signos de inestabilidad psicológica, tenía muchos arrebatos de ira contra sirvientes y cortesanos y parecía poseído por el deseo de poseer cuanto antes todo el poder, pero su frustración se acrecentaba ante la resistencia de su padre a introducirlo en las labores de gobierno, que en aquel entonces era una norma para los príncipes herederos.

Felipe II le había prometido que en 1559 lo dejaría gobernar los Países Bajos, pero por su situación, no cumplió lo que le había prometido.

Aquello generó un enfrentamiento cada vez mayor entre padre e hijo y alcanzó su punto culminante cuando Carlos accedió a darle su apoyo a las reivindicaciones de la nobleza flamenca en el momento en el que se estaba gestando la rebelión de los Países Bajos.

Cuando el rey supo que su propio hijo preparaba su huída a Flandes, ordenó su confinamiento en el Alcázar de Madrid el 18 de enero de 1568. No recibiría correspondencia y tendría limitada la comunicación con el mundo exterior.

El príncipe amenazó con quitarse la vida y entonces, su padre ordenó que no pudiese tener cuchillos ni tenedores.

Esta noticia fue muy polémica tanto en España como en el resto de Europa.

Por un lado, el rey debía de justificarse pero por otro trataba de no revelar las faltas de su hijo. La ambiguedad del rey alimentó los rumores y la propaganda negativa de sus enemigos, principalmente de Guillermo de Orange.

El príncipe, en su cautiverio, trató de emprender una huelga de hambre, pero fracasó y entonces se dio al otro extremo, comiendo sin medida. Esto y su debilidad física, seguramente fueron las causas de su muerte el 28 de julio de 1568, a los 23 años de edad.

Existen muchas conjeturas sobre si Felipe II asesinó a su hijo mientras permanecía detenido, estrangulándolo o decapitado o envenenado, pero no se ha podido demostrar y todo ha quedado en especulaciones, por lo que este hecho no parece probable.

En la actualidad los historiadores reconocen las razones políticas que asistían a Felipe en su drástica y polémica decisión, pero sigue resultando muy difícil comprender la dureza del trato que se le infringió al príncipe, al que su padre no quiso ver ni siquiera en sus últimos momentos de vida.

Su muerte alimentó la "Leyenda Negra Antihispánica".
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